Soledad y la rusa

[Este experimento es de 2009 aproximadamente. La primera versión formaba parte de un libro titulado La noticia, que ganó mención en el concurso Calendario en 2007, pero a pesar de la sugerencia del jurado nunca se publicó. Hoy, rebuscando en las carpetas, lo he vuelto a encontrar.] Seguir leyendo “Soledad y la rusa”

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Casa de cristal

[En abril de 2012, yo vivía en el edificio América, un monumental inmueble que se lleva más de media manzana entre los límites del Vedado con Centro Habana. Un edificio oscuro, demasiado habitado, sumamente ruidoso, lleno de tantas vidas. A cada rato yo pensaba cómo sería escuchar a tiempo real los pensamientos de toda esa gente que convivía conmigo allí, mientras yo escribía en un cuartillo pequeño, pequeñísimo, y me sentía muy sola. Quizá de tanto pensarlo el edificio terminó siendo este personaje, este monstruo de tantas voces, este cuento no logrado.] Seguir leyendo “Casa de cristal”

La noticia

[Este cuento también es de principios de 2007 y ya perdí la cuenta de las versiones que he escrito desde entonces. Raro en mí, porque no soy muy dada a la reescritura. Hay algo en el cuento que se me resiste, o quizá es que la idea -a veces nos pasa esto- me llegó cuando todavía no tenía lo que hace falta para ponerlo en blanco y negro. Luego pasó a ser un ejercicio divertido, al que me regreso a cada rato.] Seguir leyendo “La noticia”

De la imaginación y otros asuntos menores

[Este cuento, o mejor dicho, esta última versión tras la cual no lo intenté más, es de 2012. Debe tener unas tres o cuatro versiones anteriores que nacieron entre el Onelio y el edificio América, donde trabajé y viví respectivamente. Recuerdo que Ernesto Pérez Castillo, siempre tan acertado, cuando leyó la primera versión en 2007 me decía, me gusta, pero le falta. Una cosa es segura, aunque saliera algo bien distinto a lo que me proponía, fue divertido escribirlo.] Seguir leyendo “De la imaginación y otros asuntos menores”

Tierno azul

 

[Este es mi primer cuentecito. Lo leí uno de esos sábados en que los estudiantes del Centro Onelio tenemos que ir al frente del aula y leer algo, lo que sea que hayamos escrito hasta ese momento. Luego los demás hacen trizas el texto mientras uno permanece callado, sin derecho a ripostar. Luego hablan los profesores y solo al final se nos permite abrir la boca. Algunos lloran, otros tiemblan, se sonrojan, se molestan: pasa de todo. Y lo que es peor, a algunos no les queda invicto ni el título. Seguir leyendo “Tierno azul”