Tengo un ruido en el sistema

Anoche, desvelada y sin remedio, comencé a contar los ruidos del día como quien cuenta ovejitas. La cafetera colando, la olla de presión ablandando los garbanzos remojados con horas de antelación, el silbato del panadero, el niño que entra llorando al jardín infantil frente a mi casa, la moto que a las siete de la mañana, después de dos o tres pitazos, recoge a la novia para llevarla a la escuela. Seguir leyendo “Tengo un ruido en el sistema”

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Dime cómo vistes, Tim

A mis quince años, en La Habana, un álbum de fotos era el paso reglamentario para la “mayoría de edad” en las muchachas (nunca antes pasó –al menos yo no me enteré- esto de incluir a los varones). Dos o tres trajes, un modesto álbum y una fiesta a la que llamábamos “motivito”. Los quince, como la moda en la Cuba de entonces, más que costearse se “resolvía”: ropita hecha por la costurera, donaciones de los parientes, una jeringuilla con lejía para convertir el jean de viejo y demodé, en prelavado moderno. Seguir leyendo “Dime cómo vistes, Tim”

Lo bueno, lo malo, Cuba, nosotros

 

Lo bueno de los negocios privados es que generan más puestos de trabajo. Lo malo es que la mayoría de ellos pertenece solamente al área de servicios. Lo bueno es que una parte de la juventud los asume como eso, una oportunidad económica temporal. Lo malo es que para la otra parte, constituyen una meta. En el cuentapropismo cubano, como en la vida, hay cosas buenas y malas. Seguir leyendo “Lo bueno, lo malo, Cuba, nosotros”

Cuba conectada

[Publicada en junio de 2014]

Hace más o menos un año comenzó esto de Por el mar de las Antillas: una isla digital anda surcando las aguas de Internet desde las salas de navegación en varios puntos del país. Costosas, pero disponibles. Tan rápidas para navegar como para tragarse el tiempo de conexión. Abiertas a todos –los que puedan pagársela- los que quieran “conectar” con los otros… al fin y al cabo, con el mundo. Seguir leyendo “Cuba conectada”

¡Qué buena vida!

A mediados de mes el bodeguero cubano, acodado en el mostrador, ve pasar una mosca. El insecto traza una espiral en el aire. Se posa sobre el saco de arroz, luego en el brazo y, por instinto, huye del manotazo. Sigue con vida –la mosca-. El bodeguero bosteza otra vez cuando otro hombre pasa empujando una carretilla bajo el sol y le grita: ¡qué buena vida! Seguir leyendo “¡Qué buena vida!”

Elogio de la risa

 

Hace algunas noches, entre cervezas y un disco de Van van, anuncié que me compraría un apartamento. Pequeño, pero confortable, piso alto y con vista al mar. “Se te subió el alcohol a la cabeza”, dijo alguien. En realidad me encantaría una casa de los ´50, rematé, con un jardín grande donde hacer esa tertulia delmontina que tanto deseo. Ahí comenzó todo: mis amigos se rieron de mí. Seguir leyendo “Elogio de la risa”