Makingof (20) Aquí termina la programación para los niños y las niñas

—¿Vamos a retocarnos el maquillaje?
Dijo Amelia y Elenita no se lo pensó dos veces. La puerta del baño chirrió desconsolada tras de ellas hasta que pasaron el pestillo por dentro. Amelia sacó la hierba y la acomodó dentro de la pipa. La encendió, aspiró profundamente cerrando los ojos y el humo salió rato después, casi manejable, por la ventana. Volvió a aspirar hasta el final de sus fuerzas. Seguir leyendo “Makingof (20) Aquí termina la programación para los niños y las niñas”

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Dime cómo vistes, Tim

A mis quince años, en La Habana, un álbum de fotos era el paso reglamentario para la “mayoría de edad” en las muchachas (nunca antes pasó –al menos yo no me enteré- esto de incluir a los varones). Dos o tres trajes, un modesto álbum y una fiesta a la que llamábamos “motivito”. Los quince, como la moda en la Cuba de entonces, más que costearse se “resolvía”: ropita hecha por la costurera, donaciones de los parientes, una jeringuilla con lejía para convertir el jean de viejo y demodé, en prelavado moderno. Seguir leyendo “Dime cómo vistes, Tim”

Lo bueno, lo malo, Cuba, nosotros

 

Lo bueno de los negocios privados es que generan más puestos de trabajo. Lo malo es que la mayoría de ellos pertenece solamente al área de servicios. Lo bueno es que una parte de la juventud los asume como eso, una oportunidad económica temporal. Lo malo es que para la otra parte, constituyen una meta. En el cuentapropismo cubano, como en la vida, hay cosas buenas y malas. Seguir leyendo “Lo bueno, lo malo, Cuba, nosotros”

Carta a mi profesor de francés

[De todas las declaraciones de amor que he escrito en forma de cuentos o novelas, esta es una de las más dulces. Digamos que la escribí para curarme el amor imposible. Lo que ni siquiera sospechaba era que, al darle a leer el cuento en busca de su aprobación para publicarlo, él me pediría poner su nombre. Enfermo de una dolencia bastante rara que llevaba cuidados especiales, casi contaba sus días y así me dijo: “Me preocupaba irme sin dejar huella. No imaginas cuánto te agradezco.” Por suerte emigró a otro lugar donde mejoró su calidad de vida, sigue siendo un hombre de vivir intenso y sospecho que es muy feliz.]  Seguir leyendo “Carta a mi profesor de francés”

Alturas

[Este cuento daba título a mi libro Cuerpo Reservado cuando fue presentado al concurso Pinos Nuevos, en 2007. Luego el editor me sugirió cambiarlo, para vincularlo a Cuerpo Público, y formar así un pequeño díptico. A fin de cuentas, ambos tienen el cuerpo como centro, el primero desde la negación, el segundo desde la entrega incondicional. Este texto encierra la tesis de mi primer volumen de historias, Seguir leyendo “Alturas”