De Cuba, la fe

 

Sea sincero, vamos, por favor, ¿usted espera que yo le crea cuando me dice que no le tiene fe a nada de nada? ¿Que nunca se ha consultado, ni puesto un vasito de agua, ni un ramito de flores? ¿Jamás ha puesto un pie en una iglesia, ni ha dicho “ay, virgencita, por tu madre, ayúdame”, cuando el zapato aprieta y usted espera el “sí” por respuesta?

¿No recuerda la ramita-seca-tras-la-puerta-guano-bendito que reparten las iglesias en semana santa? ¿Su abuelita nunca le anduvo la oración de San Luis Beltrán mientras le repasaba el cuerpo con un oloroso gajito de albahaca para curarle “enfermedad, dolor o mal de ojos quitándole de esta parte o lugar”? ¿No tuvo prendido en su diminuto culero un azabache con los ojitos de Santa Lucía?

A lo mejor es que no se acuerda, porque de Cuba y eso todos lo saben… es la fe –dice hoy mi letra de molde y anda por toda la casa –mi letra es hija de Oshún- con cascabeles amarrados al tobillo, regando agua bendita y hasta compró un ramo de flores “para refrescar” el ambiente (a causa no precisamente de la canícula).

Así me ordena cuando voy para la calle: niña, no olvides la cruz de cascarilla en la planta del pie que ese mundo tuyo de los artistas… ¡es candela!

¿Acaso no visita usted al santero, al palero, al babalawo, a la cartomántica para ver qué le dicen cuando la cosa está mala –y también cuando no lo está? ¡No pises esa brujería!, grita histérico el amigo –porque sabe- si hay un coco o un huevo en las cuatro esquinas, una mano de plátanos en la palma real, dulces almibarados a la orilla del mar, un bulto en la mismísima entrada del cementerio.

¿Va a seguir insistiendo usted con eso de que no cree? Fíjese que hoy es lunes y yo le apuesto a que en su oficina, desde algún bolso le está mirando, ahora mismo y con ojos inquietos, algún eleguá que sacaron a pasear (mejor dicho, a explorar el terreno). Revise, no tenga pena.

Mire que los hijos que ha parido la Cuba de fe son muchos: en cada cuadra un comité y, mínimo, un santero o un espiritista. ¿Cuántos no vemos vestidos de blanco o con los correspondientes collares de cuentas en el agromercado, en la tienda, en la escuela, en el barrio? ¿Acaso no son los ojos las más indiscretas ventanas del alma que se tapan con gafas cuando uno va a salir en el televisor?

¿En serio usted cree que Adalberto hablaba boberías cuando sacó aquel famoso tema diciendo “hay gente que te dice que no creen en ná, y van a consultarse por la madrugá?” En la Cuba de hoy puede comprobar usted mismo, con los inspectores de salud pública, la cantidad de bóvedas espirituales por núcleo familiar.

Sí, debemos reconocer que en la lucha cubana diaria hay un camino alternativo, camino de fe que ayuda a vivir y mantiene la mirada fija en el futuro mejor. Para qué si no, se escuchan a cada rato los tambores de algún santo, el cajón de algún muerto o los entonados cantos de una misa espiritual. Eso, inunda nuestra isla una promesa con delicado olor a azucenas, a humo de tabaco y aguardiente.

A estas alturas, qué importa lo que va a decir la gente. A ver, ¿no es mejor que digan “aquí sopló” que “aquí murió”? Mire, de todas formas yo le dejo 10 resguardos cubanos contra el mal de ojo (y otros males), no espere a que se le trabe el paraguas que hoy es lunes. Recuerde nuestro sabio lema que dice: si bien no le hace, mal tampoco.

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