Nuevo diccionario de la lengua… ¿española?

 

Española, sí, pero también cubana. Cubana y popular. ¿Acaso no hemos presenciado conversaciones donde ese interlocutor extranjero se ha quedado “bota´o” aún dominando nuestro idioma español? Es más, ¿no nos quedamos nosotros mismos sin entender cuando hablan entre sí los más jóvenes hoy?

Lo que para algunos es involución del lenguaje, quiebre y pérdida irreparable de la cultura, para otros resulta un crecimiento de ese organismo vivo que es, a fin de cuentas, el idioma. Un cuerpo autónomo que, por los siglos de los siglos, ha transitado –transita- dos caminos, el académico y el popular. Pero, ¿hasta qué punto son estos caminos realmente distantes y paralelos? ¿Hasta qué punto podemos medir si ese crecimiento del lenguaje es saludable o no?

Incluso el más letrado sabrá qué quieren decir frases como: “rajar la tira del pellejo” (hablar mal de alguien aprovechando su ausencia) o “hacer tierra a alguien” (censurarlo por algo que dijo, hizo o escribió), entre otras frases cubanas de uso popular. Muy por el contrario, los más entenderán como mojigatería la delicadeza implícita en la preferencia del ilustrado por los eufemismos (si bien lo que se dice entenderlo, no lo entenderán).

Claro que, para el letrado, estas “frases y términos vulgares” siempre serán símbolo de mal gusto. Para el otro, el académico será poco más que un bicho que habla raro y no sabe vivir la vida de verdad. Y mientras aquellos dos siguen –seguirán- sin ponerse de acuerdo el lenguaje hablado va, poquito a poco, día a día, sembrando lo suyo:

“Me voy a dar el berro -le dice el chama a la pura… y se pira. ¿Y ese módulo que te tiraste, asere? –pregunta el ecobio que le hacía la media fuera del gao. Hay que estar en talla, broder –responde el mío- hay que tirarla fresca pa´ que to´ esté fresa. Y no me cojas pa´eso hoy que estoy fundío, si me das chucho te voy a descargar pa´ atrás, es más, si te pones pa´eso, mira, nueve quince contigo.”

¿Será que, como anuncian el Todo por Carlitos y otros ingeniosos animados del realizador Ernesto Piña, en el futuro cubano realmente se hablará así? –pregunta, azorada, mi letra de molde-. Y si se habla así, ¿cómo se escribirá?

Cierto es que los préstamos lingüísticos realmente se incorporan, así como las deformaciones en la pronunciación por esa velocidad en aumento que le imprime otro ritmo a nuestras vidas hoy. Vehículos como las telenovelas brasileñas, colombianas y argentinas agregan entonaciones y frases particulares; series y películas norteamericanas y españolas introducen, entre otros, los importados “okey” y “vale” en nuestro lenguaje coloquial.

¿Acaso los soportes digitales no impulsan también la brevedad forzándonos a descifrar esos sms que dicen “tas en ksa?”, “nos bmos hoy?” o “tkm” que no solo omiten uno de los signos de interrogación sino que deforman/recortan las palabras para ahorrar caracteres y saldo? ¿Acaso las redes sociales como twitter y facebook no propician realmente discursos cuya sintaxis resulta cada vez más elemental, ligeros de forma y vacíos de contenido?

No obstante, si en nuestro país el acceso a internet aún no es público y la mensajería móvil, por motivos económicos, tiene uso limitado ¿por dónde le entran estas grandes “deformaciones” al habla cubana? ¿Nos “entran” realmente o las generamos nosotros mismos?

La relajación en cuanto a costumbres y exigencias educativas, así como el apremio de suplir las necesidades más urgentes de la vida diaria han tirado por la borda, bajo nuestras narices, prácticas saludables y necesarias. Por si esto fuera poco, se escucha más regueattón y se lee menos; se piensa menos y se ven más series; se viste mejor, pero se habla cada vez peor.

Así exclamó un muchacho cuando respondí a su pregunta de qué editorial había publicado mis libros: “Mi´ja, pero si tú estás sólida. ¡Candela, te veo fuera del nylon!”. No respondí… no pude. Saqué mi libretica y anoté en letra de molde: Melen Club, viernes, 9:15 pm, 22 años, imagen impecable, estudiante universitario, pésima dicción, tono de voz alto -quizá por la música también alta. “Estar sólido” (tener éxito profesional); “estar fuera del nylon” (salirse de lo común).

Cada vez son más los adolescentes que aceptan una negociación familiar con el “sirvió”. Al trabajo voluntario reaccionarán diciendo “a mí no me cogen pa´eso” y ante el regaño de la madre protestarán “no me quemes el dulce, vieja”. Estas y otras expresiones de algunos jóvenes se hacen hoy de lugar y más, amenazan con seguir los pasos de los clásicos “asere” y “qué bolá”, escuchables hoy, incluso, en boca de muchísimos profesionales.

Ah, pero si la familia se ocupara de la pronunciación y el hábito de lectura tanto como del desayuno y el par de zapatos; si en las escuelas evaluaran dicción, vocabulario y contenido para pasar efectivamente de grado; quizás si las letras de nuestras canciones populares no se aprovecharan de esta jerga callejera para vender más discos. Si asumimos hoy lunes, para empezar, que la formación de las nuevas generaciones no es solo responsabilidad de todos sino tarea constante, será el nuestro, sin dudas, un mejor diccionario cubano de la lengua española.

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