La esquina de Tejas

[Puesto que el mapa de una ciudad no es el mismo para todos,  la esquina de Tejas, en mi mapa personal, siempre estará ligada al maestro. Confieso que fui allí expresamente para captar algo de lo que le escuché decir sobre ese lugar de la geografía habanera donde vivió su infancia. Porque mi blog Habana por dentro es eso: un mapa otro, un recorrido sentimental, un almacén del recuerdo.]

Cuando aquello yo trabajaba en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Michel García y yo fuimos invitados a este “debate”, sobre la arquitectura cubana, en la maqueta de La Habana que está en 3ra y 28, Miramar. Recuerdo que el público, en su mayoría, era de edad avanzada, salvo dos o tres colados que además nos enteramos por casualidad. La mayoría eran arquitectos, pero invitaron al chino Heras para que hablara un poco y yo, lo confieso, tengo especial debilidad por la manera en que habla –y por la manera en que lee-, este hombre. Allí fue donde me enteré que Eduardo nació en La esquina de Tejas, un lugar que yo solo conocía de oídas. Supe que nació en un solar de aquella zona y que, para poder hablar de esto, visitó la esquina una vez más. Y lloró, porque ya todo estaba cambiado (para mal, arquitectónicamente hablando) y hacía mucho desde aquella época en que limpió zapatos de dos tonos para poder comprarse en la fábrica, con una peseta, un cartucho con recortes de dulce. Lloré. Reí. (Más lo primero que lo segundo). En aquella lectura de su novela autobiográfica fue donde visité, por primera vez, la esquina de Tejas. Y cuál fue mi sorpresa, meses después, al visitar el lugar y descubrir que en la esquina de Tejas ya no hay tejas, solo el parque donde me paré para tirar la foto –con una horrible edificación detrás-, a mi izquierda un edificio que coquetea con la muerte y este bodegón que ven. En el momento de la fotografía sonaba un danzón que cruzaba la calle hasta darme alcance y me llevaba, más y más, hasta aquellos primeros tiempos del maestro.

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