Volver a casa

 

Siempre que me voy, pasa lo mismo. Me gana la nostalgia. Esta vieja ciudad se alza, ruinosa, especial, única, entre los escombros del recuerdo. Extraño la mirada indiscreta de los transeúntes, esa palabra que comienza con p…, tan ubicua, vulgar y liberadora. Extraño, válgame Dios, las colas y los vecinos, el meneo traqueteado de los almendrones. Los quince minutos cubanos que pueden ser una hora o dos. “Ah, los masoquistas”, critica una amiga, cuando todavía no me he ido y ya tengo un pasaje de regreso.

Será que nunca viajo -no puedo permitírmelo- con exceso de equipaje. Nada pueden quitarme en la aduana de modo que el regreso es fiesta. Todo el mundo pregunta qué tal me fue. Y una cuenta. Compara. Abre los ojos y los brazos, trayéndoles muchísima pacotilla mental al decirles sí, aquello es muy grande. No supe cómo descargar un baño. Salí corriendo sin dejar propina. El mall me dio náuseas, mareos. Demasiado rápidas las vías rápidas, demasiado lujosos los lujos, si algo hay allá son demasiados demasiados.

Un pasaje de ida es siempre una gran interrogante, un salto en el estómago, un rezo repetido: no puedes perder el segundo avión, ni se te ocurra enfermarte, ojalá que vaya alguien a recibirte al aeropuerto, llévate a Lucas: lo que te den de comer y de beber, cógelo. La palabra que comienza con p… ni dará risa ni te servirá para quejarte, a lo sumo se acercará algún coterráneo, de esos que andan emplazados por el mundo, feliz de volver a escucharla. Un cubano que ya no podrá brindarte su casa, como hacía cuando era pobre.

Un pasaje de regreso, en teoría, sería todo lo contrario. Se sabe lo que va a pasar: nadie dirá “por aquí, señorita”, “bienvenida, señorita”, “gracias, señorita” y para colmo al momento de salir, la funcionaria con uñas de florecitas dirá con tono entre burla y reproche “¿Ese es tooodo tu equipaje?”. No obstante, la práctica demuestra que, de regreso a casa, las cosas de siempre ya no son las cosas de siempre, cobran otro valor, se redefinen. ¿O será uno el que se redefine ante las cosas de siempre y cobra otro valor?

En realidad no es el viaje, sino las múltiples facetas del regreso. Para bien y para mal, la vida nunca será la misma. Hay quien tiene que irse para aprender el por favor y el gracias, no tirar la latica vacía, usar las ropas y maneras apropiadas. Hay quien regresa con la merecida fama o el chicle, el hello y el bye. Hay quien, como yo, asomado a otra perspectiva, reconoce esta Cuba a contraluz que incluye la Cuba que pudo ser pero no es; la que ojalá fuera; la que mejor que no sea nunca y la que podría ser, si nos afincamos bien.

Siempre que regreso, pasa lo mismo. El viaje parece interminable hasta que, por fin, a las ventanillas le van naciendo unas palmas bellísimas. El avión y el corazón aterrizan al mismo tiempo. Me preguntan si tuve fiebre durante el viaje y respondo que no, la calentura solo me subió cuando sentí, ante ese monstruo ajeno que llaman embotellamiento, que el avión iba a regresar irremediablemente sin mí. Sigo de largo y me mezclo en una multitud que espera con carteles, grita, llora, se abraza.

Salgo al mismo camino, desteñido si es de día, precariamente alumbrado si es de noche. Un humo denso es exhalado por autos viejos y ómnibus articulados. Un extranjero, en mi lugar, diría: elegí mal el destino. Yo, en cambio -quizá mi amiga tenga razón después de todo-, siento alivio. Me arranco los abrigos y los sustos. Me calma que los viejos edificios todavía estén ahí. Devoro con gusto el congrí, la masa frita, el arroz con leche de bienvenida hecho por mamá, como quien tiene a mano, también, un pasaje de regreso a la infancia.

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, dice Galeano en El libro de los abrazos. “La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día”. La mismidad me mira a los ojos ese segundo en el que solo regresándome puedo ser yo misma, comprender que uno hace al lugar tanto como el lugar lo hace a uno. También porque nada… nada se compara con volver a casa.

[Publicado originalmente en http://cubacontraluz.com/category/columnas/pasaje-de-regreso/%5D

Anuncios