Making of (1)

 

[Esto no es una novela, es un making of. El pretexto es un documental que se filma. La historia, si es que importa, es otra cosa. El personaje principal es el más real de los que he narrado hasta ahora. La conozco desde hace años y, contrario a lo que pensé que sucedería a estas alturas, todavía vive en la Habana, aunque ya no trabaja con el equipo de producción. “¿Escritora?, si yo te cuento todo lo que he vivido te sale una novela”, así me dijo casi al momento de conocernos. Dos años después, se leía el manuscrito sentada sobre la arena de una playa y dijo no tener problema alguno con lo que aquí narro. Creo que no contaba, no es la primera vez que me sucede, con que mi/su libro sería premiado y luego publicado. Cuando quise dedicárselo, es decir, poner su nombre real en la primera página, se espantó. “Suficiente con los que me han reconocido”, argumentó.]

 

(1)

En esa me faltaban dos dientes. Terminaba el tercer grado. Estoy sentada en el buró de la maestra con la bola del mundo al lado. Llevo suéter carmelita, heredado de una prima de mi madre, usado por la hermana de la prima y después por mi madre. En realidad hay dos de esa porque recuerdo que para la primera yo no me había quitado los aparatos de los dientes, después se dieron cuenta y me tiraron otra. Al final mi mamá pagó las dos. También está la de la fiesta de disfraces, esa es más vieja, de segundo grado. Quedé con la lengua afuera. La verdad, no sé por qué, parece que en ese momento yo hice una mueca y así me salí. Las otras ya son en blanco y negro. El grupo entero con la maestra de quinto. No recuerdo prácticamente ningún nombre. Mi madre, en cambio, recuerda hasta los nombres de los padres, las maestras, las auxiliares. Luego hay como un salto en el tiempo, cada vez más años entre foto y foto. Claro que por problemas económicos. Es tiempo de vida perdido para la memoria visual de uno. Lástima ¿no? Así. Este es mi primer novio, juré que nunca más me acostaría con un hombre de piernas flacas, aunque tiene los ojos azules, que son mi debilidad. Ahora que lo pienso, es una de las pocas promesas que he cumplido. Ah, sí, la Facultad de Historia. Me gustaba sentarme ahí, en lo alto de la escalinata, siempre hacía eso antes de entrar a los exámenes. Mirar las dos calles, San Lázaro y Neptuno subiendo siempre desde el mar hasta la colina, eso me daba una extraordinaria impresión de libertad, como si una verdad se revelara de pronto. Ya después de graduada no era igual. Fue como si se me apagaran los sueños, lo mejor, el delirio generoso de estudiante. Me entiendes ¿verdad? Mirando esto cualquiera pensaría que tengo una historia, pero no te dejes engañar, todo es mentira, al final es un producto del azar. Por eso te necesito, porque yo nunca construí una historia, en cualquier caso, la historia acontecía y yo estaba allí por casualidad, por eso que llaman destino, o porque yo hacía falta para completar algo. Somos marionetas, la historia nos inventa a nosotros. Son solo fotos viejas, nada más.

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